El jueves por la noche salimos de Bielgorod en coche con Guiana, nuestro conductor, camino a Odesa, por una carretera (?) helada, por la que no se podía circular a más de 50 km/h y eso en los mejores tramos. Es una carretera muy transitada por camiones, en algunas zonas estaban parados por el hielo. El camino me recordó a un viaje a Kenia y Tanzania que hicimos hace ya años. Entonces vimos que los coches muchas veces se salían de la carretera porque las cunetas estaban mejor que la propia carretera. Pues aquí, algo parecido.
El tren nocturno Odesa-Kiev no era como el Kiev-Odesa, no se muy bien por qué. En este caso, no dio lugar a la sorpresa agradable, no, no. Tren viejo, incómodo, sucio, de mantas apolilladas y lavabos con más olores que Concha Velasco sin la Tena-Lady. Lo normal, vamos. El caso es que a pesar de eso, dormimos algo más que en el trayecto anterior, lo que hace el tener ya a Coletitas fichada, reconocida y controlada.
Llegada a Kiev a las 8:30, entrada en el apartamento –curiosamente, en el mismo edificio que el último en el que estuvimos en el viaje de Alberto-, ducha rápida y gestiones con el consulado. Recibo llamadas de Luis, otro padre adoptante –la única familia española que queda por aquí, aunque ellos no han encontrado todavía a su hijo- dándome noticias: no hace falta traducir los penales, una complicación menos. Duchados, arreglados y sin desayunar nos vamos para el consulado; Leysa se equivoca y nos lleva a la Embajada en el taxi. Tenemos que caminar durante 15 minutos por el hielo de Kiev, arreglaíllos (para dar buena imagen ante el cónsul) y menos abrigados que de costumbre. Entramos por fin en el consulado de España, con ese aire de seguridad que te da el que te espera el jefe. No es esa puerta, por la de al lado. Joder que mañana llevamos. Para rematar, me escurro por el agua y el hielo que hacen de cada escalera un tobogán y bajo dando culadas un tramo de veinte peldaños que acaba con mi dignidad dolorida y Alberto llorando del susto. Se me acaban los aires de hola soy uña y carne con el cónsul para aterrizar en la cruda, dura y helada realidad.
Por fin llegamos al sitio bueno. Maru dice que la recepcionista es clavada a Elena, la traductora del Departamento. Leysa y ella se acercan a preguntar y, efectivamente, se parece: es su hermana. Damos recuerdos y besos de Alberto. Llega la asistente del cónsul, muy mona, muy ceñida, muy entaconada y muy consciente de su propia melena, guas, guas. Me pide los penales y que ya resuelve ella. Ah, pues vale. Desaparece con los penales y yo me quedo con la palabra en la boca. Quería hablar con el cónsul para comentarle algunas cosas y preguntarle por la solución para el resto de españoles, que es lo que más me preocupa. Al rato baja la asistente, seria y me dice que el cónsul quiere verme. Subo a verle a su despacho. El cónsul es joven –insultantemente joven, como le digo, algo más tarde, en plan adulador- y brillante. Nos entendemos bien, buscamos soluciones comunes y formas de ayudarnos. Tiene futuro.
Salimos de allí camino al apartamento, donde volvemos con ganas de desayunar o comer (son las 12:00) o dormir, o algo que sirva para reponer fuerzas y descansar a nuestros maltrechos cuerpos. Alberto se duerme en el taxi, está muerto y nosotros también, pero el problema está en vías de solución, muy probablemente el lunes estará todo hecho y podremos volver a Bielgorod a por nuestra princesa.
Esa misma tarde nos lanzamos nosotros solos a la búsqueda de comida para el celiaco. Buscamos en Internet y le decimos a Leysa que nos pida un taxi. El sitio está lejos, el taxista nos lleva a las afueras, de noche, en medio del tremendo atasco que se forma los viernes por la tarde en todo el mundo cristiano. Por fin llegamos a un barrio impersonal, en medio de ninguna parte, con el taxi derrapando por el hielo. Nos dice, señalando vagamente a los alrededores que es ahí. Ahí no hay nada parecido a una tienda. Salimos los tres bajo una intensa nevada a buscar la tienda de los dichosos productos sin gluten. No hay nada parecido; entramos a preguntar a un sitio que tiene un cartel oficial. Es una comisaría de policía. Nos dan explicaciones que no entendemos mientras nos vamos agobiando porque llegan las 5 de la tarde, hora en que cierran las tiendas.
Salimos de allí y le decimos al taxista que ahí no es. Nos montamos en el viejo Hyunday que, a duras penas y en medio de la atronadora música de su estridente radio, patina fatigosamente para sacarnos de allí. Insistimos al taxista y él pregunta a un policía de uniforme que se está tomando una cerveza a gollete en un kiosko de la calle, en medio de una nevada que paralizaría Madrid durante un par de días. Nos vuelve a dejar en medio de ninguna parte, una manzana más allá, ya noche cerrada. Maru se desespera. Me bajo del taxi y me pongo a recorrer al barrio corriendo, buscando la maldita tienda. Al poco rato veo una puerta con un cartel de la tienda que estamos buscando. ¡Por fín! Entro y es una especie de vetusta oficina llena de gente, pero en el fondo veo productos de las marcas que consume Alberto. Me vuelvo corriendo al taxi a por la familia y el taxista nos acerca a la tienda. Una vez dentro, nos juramentamos sin mirarnos, a lo Olivia de Havilland y nos decimos calladamente que a Dios ponemos por testigo de que nuestro hijo nunca más volverá a pasar hambre (esa misma mañana había acabado con la última de sus galletas que Maru le había ido dosificando) y arramplamos con media tienda, mientras la tendera hace volatines y piruetas, apuntando en su bloc mientras señalamos póngame de estoydeestoydeestotambién. Volvemos en el taxi exhaustos pero tranquilos: salga el sol por donde quiera, pero Alberto tiene su comida.
El día siguiente es de tiendas. Cristina necesita ropa y Maru necesita ir de compras para sacudirse la mugre de Bielgorod y la tensión de estos días, así que Alberto y yo hacemos de asistentes de compras sujetando bolsas, trayendo tallas, aconsejando sin decidir sobre tal modelo o cual color de una ropa que no es para nosotros, aunque al final del día también nos cae algo. A mitad del día hacemos un descanso y llevamos a Alberto a un parque, cercano al apartamento, donde llevamos a nuestro hijo a jugar por primera vez en Kiev.
Bajo el intenso frío de una mañana soleada pero gélida (-10 grados), Alberto disfruta, merecidamente, de un rato de diversión en los mismos columpios donde hace casi tres años, el mismo niño pero completamente distinto al actual es admirado con el mismo arrobo por sus padres, que se preguntan que han hecho para merecer un hijo así. Bueno, unos minutos antes, mientras Alberto se portaba como un diablo en un exorcismo en la vigésima tienda de ropa, se preguntaban lo mismo pero con distinto sentido. Maru se hace con ropa, calzado, coleteros, pasadores, y demás complementos imprescindibles para “españolizar” a Cristina. Todo tiene una uniformidad monocromática tan acusada que delata las ganas que tenía Maru de comprar ropa de hija propia: todo es rosa o mezclado con rosa.
Cuando por fin llegamos al apartamento por la tarde volvemos molidos pero felices. Tener dos habitaciones, cocina y comida saludable hacen maravillas en la convivencia. Poder dormir sin un perro que te despierte sobresaltado en mitad de la noche también. Parece mentira, pero nos sentimos cómodos en Kiev. Nos es familiar, sabemos donde encontrar las cosas, no se, comida para Alberto, chocolate y pizza para levantar el ánimo, tarjetas de teléfono, Internet, la comunicación es algo más fácil que en Bielgorod. Hasta nos encontramos con españoles –en este caso, un diplomático de la embajada y su familia, que también van a un italiano a comer algo reconocible- con los que hacemos buenas migas nada más vernos, esas cosas que sólo suceden cuando estás muy lejos de tu casa y ese que tienes enfrente, al que no has visto en tu vida, tiene más cosas en común contigo que el millón de personas que te rodea. Tanto, que hasta tenemos amigos comunes, aunque como dice Maru, eso me pasa más o menos con la mitad de España.
El domingo por la mañana vamos a Misa. Hemos encontrado por internet que hay una parroquia no lejos de nuestro apartamento donde una vez a la semana celebran en español. Pedimos un taxi y allí que vamos, pidiendo a Dios que la información sea cierta y que podamos encontrarnos con Él. Y así es. Nada más llegar y consultar los horarios en la puerta, una chica nos oye hablar en español y nos pregunta si vamos a Misa. Le respondemos que si y nos dirige a una especie de cripta, donde celebra un sacerdote argentino, Tomás, más majo que las pesetas, que se dedica a jugar un rato con Alberto antes de comenzar con la ceremonia. La gente llega y se saluda, todos nos saludan cariñosamente. Se ve que son una comunidad, aunque de lo más variopìnta. Nos vamos presentando a todos y hay de todo el mundo hispano: peruanos, dominicanos, guineanos, ¡hasta unas monjas de Madrid que viven en una casa donde hacen una extraordinaria labor con niños! Más buenas que el pan, son cariñosísimas con Alberto y le animan a que ayude a preparar los ornamentos, vasos y paños del altar con el sacristán, un moreno de Guinea con pinta de seminarista.
Me ofrecen leer la primera lectura y acepto de buen grado. El ambiente es de comunión, de confianza, de fe. La celebración es sencilla y nos tenemos que empeñar para que Alberto deje a los demás participar con tranquilidad, porque a estas alturas del viaje, con tanto ponte gorro, guantes, bufanda y abrigo, quítate gorro, guantes, bufanda y abrigo, estate quieto, no grites, no corras, móntate en un taxi, en un coche, en un tren duerme hoy aquí y mañana allá, vente de tiendas, camina por esta ciudad helada como si fueras mayor… Alberto está ya que le vida se le sale por los poros y la energía que le desborda es capaz de fundir una central nuclear.
Me ofrecen leer la primera lectura y acepto de buen grado. El ambiente es de comunión, de confianza, de fe. La celebración es sencilla y nos tenemos que empeñar para que Alberto deje a los demás participar con tranquilidad, porque a estas alturas del viaje, con tanto ponte gorro, guantes, bufanda y abrigo, quítate gorro, guantes, bufanda y abrigo, estate quieto, no grites, no corras, móntate en un taxi, en un coche, en un tren duerme hoy aquí y mañana allá, vente de tiendas, camina por esta ciudad helada como si fueras mayor… Alberto está ya que le vida se le sale por los poros y la energía que le desborda es capaz de fundir una central nuclear.
Nos despedimos de todo el mundo y me prometo que, a la vuelta, voy a ver a las monjas y les regalo el ejemplar del libro de Pablo que nos acompaña, como un talismán (lo que él se reiría de esto, pero bueno), desde el inicio del viaje. Salimos a los -13 grados para que Alberto camine un poco, tome su comida de media mañana mientras hacemos planes para los próximos días, esperamos que el problema del certificado se resuelva mañana y si todo va bien, podamos regresar a Bielgorod el mismo día o el martes como muy tarde.
La verdad es que hemos llevado muy bien no ver a Cristina; sólo he visto a Maru un momento de bajón, unas lágrimas disimuladas para que Alberto no se preocupara, en un momento de cansancio. Nada más. El resto son recuerdos alegres, unas ganas tremendas –que me hacen segregar saliva, no digo más- de verla, apretujarla, mordisquearla y besuquearla, todo a la vez, y, sobre todo, el ansia por acabar con esto, llevarla a nuestra casa, darle una vida de normalidad, cariño, cuidados, comidas, estímulo, amor… Ya nos vemos con ella en casa, en el coche, sentada en su sillita, en la habitación de juegos, en la bañera, compartiendo todo y peleándose por todo con su hermano. Ya hacemos planes sobre como organizar la vida, los horarios, las comidas. Sabemos que, como Alberto, requerirá mucha rutina, tranquilidad, tiempo de estar los cuatro juntos para crear el vínculo que ahora no sólo es con nosotros sino también con su hermano.
En fin, ya nos vemos como una familia aunque ahora mismo ella esté a 600 km y duerma bajo un techo que no es el nuestro, cuidada por unas manos que no son las nuestras y alimentada por una comida que no es la que comemos nosotros. Nos vemos una familia de cuatro, como teníamos que ser, como queríamos ser. Hoy, en broma, le he comentado a Maru que dentro de poco veníamos a por el tercero. La respuesta no es apta para menores. Casi ni para mayores. Parece que con dos adopciones tenemos bastante para nuestra salud; creo que por eso piden tanto certificado médico, no para saber si vas a durarle mucho tiempo a tu hijo, sino para saber si nos vas a morir de un infarto en pleno proceso.
Damos gracias a Dios porque todo se vaya encarrilando y que poco a poco nos vayamos acercando a la casilla final de esta Oca Ucraniana donde, en medio de la partida y por un golpe de mala suerte te encuentras en la casilla de salida otra vez, en la “cárcel” pendiente de que Interpol te saque de ahí o sin jugar dos tiradas hasta que un compañero te saque del pozo.
Gracias por estar ahí, vuestros comentarios –algunos, por Dios, más que exagerados, como nos los creamos nos vamos a volver gilipollas- nos animan cada día y nos hacen sentirnos cuidados y queridos a tanta distancia. Gracias.
Besos y abrazos
Cacha
Ayer tuve una experiencia religiosa; decidimos ir a comprar el mini-ajuar de nuestra mini-hija y según entré en el Zara que hay en la avenida principal sentí una fuerza centrífuga que me catapultaba hacia la sección dominada por tonos rosas y fucsias de tal manera que me olvidé de que iba con mi marido y mi hijo, me olvidé del frío, del cambio euro-grivna y me volví loca buscando bufandas, bragas, leotardos, todo en los colores maaaaas cursis que os podáis imaginar …al final solo la compré unos vaqueros, prenda que no pude encontrar en su bonito pueblo; no contenta con eso, localicé el Benetton y allá que fuimos…en 5 minutos ya tenía enganchadas varias cosillas tamaño gnomo las cuales pagué gustosa…
A continuación, y como mi sed de prendas no se había calmado, entramos en lo que llamamos El Cutringlés; centro comercial surtido donde los haya (aunque la calidad, cantidad y belleza de sus productos sean dudosos) y entre Cacha, Albertito, que no dejaba de dar por saco (perdonadme la expresión pero es que está esquizofrénico) y yo, localizamos las cosillas que nos faltaban para Cristi, como la llama su hermano; acto seguido y ni corta ni perezosa la compré un variado surtido de kikis, gomitas y diademas que aun no se muy bien como ni donde la pondré.
Ah se me olvidaba otra cosa; entre las 3 semanas que llevamos aquí y los nervios, mi pelo estaba tan canoso y enraizado como la selva guatemalteca (las que pasais de los 40 me comprenderéis) así que declinando amablemente la invitación de nuestra traductora a ir a una peluquería local (donde te tiñen de rubia albina) y después de pasarme un cuarto de hora gesticulando como si estuviéramos jugando a las películas con la dependienta para entenderme con ella, me armé de valor y compré una caja de tinte de Garnier y esta mañana, con un par de narices y más miedo que siete viejas me he teñido las raíces yo solita y oye, que me ha quedado tan perfecto que casi me lo vuelvo a hacer otra vez, así que mi aspecto ha mejorado considerablemente, bueno eso y que también me compré algo de ropa de mi talla por que la que me traje era enorme para poder llevar la ropa interior térmica, cosa que no hace ninguna falta, así que estoy bastante contenta.
Ya solo necesito volver a abrazar a Cristina, verla reírse corriendo detrás de su hermano, vernos disfrutar los cuatro juntos para que mi felicidad sea casi completa (lo será cuando por fin estemos en nuestra casa).
Muchos besitos
Maru

Jejeje
ResponderEliminarEsta vez soy la primer en poner comenterios.
Recuerdo que cuando me quedé embarazada de Ceci le dije a Miguel que jamás le compraría nada rosa ni con lacitos y como después Miguel se moría de risa (todavía alguna vez me toma el pelo) cada vez -y han sido muchas- que me saltaba la norma. Tranquila Maru, se supera enseguida, en cuanto veas lo moníma que está de caramelo de fresa.
Se os lee que estáis estupendamente. Y con vosotros nosotros también lo estamos, porque nos da la impresión de estar viviendo virtualmente en Kiev con vosotros, con esos fríos buscando la comida para celiacos de Alberto o resbalando por esos 20 escalones. Cacha querido, ¡si parecías la mismísima Ceci (que dicho sea de paso ya está harta de que la encasillen en el papel de eterna torpe pero venía en el packagemaker así)!
¡Os envío un besazo fuerte para cada uno lleno de calor de hogar madrileño y de cariño sincero! Buenas noches, tesorazos. Os quiero. ;o)
Ceci
¡¡¡Uf!!! Me quedé en el miércoles y ahora acabo de ver la "última hora" ¡¡Que alegría!! Mucho ánimo, ojala volvais muy pronto todos juntos.
ResponderEliminarBesos
Begoña
Jo, acabo de llegar de Alemania sin poder conectarme en casi una semana y me encuentro todo esto... Espero que las gestiones salgan bien y no tengáis que separaros de Cristina. Se me encoge el corazón con sólo pensarlo.
ResponderEliminarMucha suerte con el maldito papel y a ver si luego nos podéis dar buenas noticias!!!!!!!
Un besazo a los cuatro.
Amparo, Javier y Maru.
Oe, oe, oe, oe, oe. Hay que hacer LA OLA, que ya estais, casi, aquí, de vuelta.
ResponderEliminarBesitos
Rafa
Es impresionante. Mi vida alrededor está como transparente. Y a través de ella os veo a vosotros, con más realidad y chicha y alma que ninguna otra cosa que mire.
ResponderEliminarEs una semana de grandes desafíos para mí, pero de repente descubro que me he parado mientras caminaba y al parpadear, la imagen que guiña es un parque helado en Kiev.
No sé si os animo mucho... No sé si soy capaz. Sé que vosotros me animáis a mí. Literalmente; me dais la vida.
Loquito estoy por ver la foto de Cristina con sus kikis y sus gomas y sus cosas. :-)
Que bien sonais chicos, las compras relajan a cualquier chica, ya se que a vosotros no, vale?, yo pasé por el mismo momento, le compré todo rosa incluidos los zapatos, el abrigo y las bragas y cuando se lo dí a su cuidadora para vestirla el día que seria para siempre nuestra vi como se reia, ¿seria buja?, ahora si le pongo a la niña algo rosa mas de la cuenta me come.
ResponderEliminarEse parque es especial para los adoptantes, la mayoria acabamos allí, en el conocimos a Patri y a sus chicos, justo el día de nuestra cita, que casualidad.
Podías haberte arriesgado Maru, las peluquerias en Kiev, son normales, en los pueblos ya no lo se, pero aún así yo fuí masoca y acompañada de un peluquero amigo del foro fuimos a la peluqueria en Zaporiziha a teñirme y lo único diferente eran las tecnicas, hasta el precio era lo mismo, pero que segura se siente una cuando ya no le asoma la cana.
Bueno, vuestra partida parece ir bien, parece que ya os toca tirar y procurar eso si, caer en la casilla de puente a puente y que el juicio sea esta semana, vale?
Muchos abrazos
Pili N
Me parece estupendas las compras de Maru, Cristina tien que tener mucho rosa y mas coleteros, es algo imprescindible.
ResponderEliminarCuidaros mucho.
Besos.
Gloria.
Que os voy a decir, estamos tan contentos....Así que como ya os lo han dicho todo yo os puedo dar "el parte" del entorno que os espera con ansiedad. Os puedo contar que los arboles de la urbanización están empezando a brotar y creo que esperan vuestra vuelta para que esas preciosas flores blancas que duran tan poquito estén perfectas para recibir a Cris. Que han abonado el cesped para que este veranito nuestros terremotos lo puedan destrozar. Que vuestras ventanas no se han movido ni un milímetro (que alivio, ¿no?, jeje). Y que os esperamos para el cumple de Jaime.
ResponderEliminarBesos
Samuel, Jaime, Jose y Emma
Bueno, bueno, bueno, esto está encarrilado.
ResponderEliminarAsí que voy a bajar del autobus al Atleti, que habian solicitado retrasar el partido de copa para ir "palla", (total les va a dar igual).
Maru,tía, me voy de compras contigo, hay en el "corte" una ropa para niña que flipas, la mía va monisima.
OS esperamos con ansia, coño, que ganas de veros, casi más que ver al madrid ganar la décima, bueno , más incluso (ya me he "pasao").
Grande Cacha, grande, no me canso.
Colla
Hola familia! Que bien!!!!! Nos alegramos muchísimo!!! Recobrar fuerzas en Kiev y a abrazar y mimar a vuestra princesita de color de chicle que estará preciosa con todas las cositas que el ha comprado su mamá. Recuerdo que yo hice lo mismo en Kherson donde había mercadillos enormes. Maru, el color rosa les encanta y sobre todo las faldas y los vestidos. Izar empezaba a dar vueltas y vueltas cuando le llevaba algo para probárselo. Los lazos igual. Hártate a ponerle de lo más "cursi" para nosotras pero para ellas "divinas de la muerte". Qué bien! ya tengo ganas de ver una foto de Cris con todos sus abalorios. Sin más familia mucho ánimo que el final está más cerca. Musus desde Euskadi. Fernan, Izar y Maitte.
ResponderEliminarGracias por compartir vuestras vivencias con todos. Nosotros volvimos hace 9 meses de Ucrania con nuestro maravilloso hijo y no sabeis lo que me emociona leeros. Espero que pronto estéis los 4 bajo el mismos techo; de verdad, me alegro un montón. Un abrazo.
ResponderEliminarHola familia,
ResponderEliminarLlevaba unos días sin poder leeros y me quedé en la vuelta sin " la coletitas" y estaba sufriendo un montón, pero el cambio ha sido grande y me ha dado un vuelco el corazón de ver que al final vais a tener la suerte que os mereceis, que es mucha!!!.
Espero que el inicio de la semana se os esté dando bien, que tenemos muchas ganas de daros un fuerte abrazo ya en vuesta casa, YA NO QUEDA NADA.
Y Maru, con ese cuerpazo y esa sonrisa tu estás siempre guapa, aún con el pelo a lo guatemalteco.... me parto.
Bss a Alberto, este viernes van de Carnaval, yo le enseñaremos fotos a su regreso a clase de sus amigos.Dile que le echan de menos mucho todos.
SUERTE.
Elena (mamá de Inés)
¡Que alegria leer esta pagina despues de la duda angustiosa del otro dia! Quizás al respiro de Kiev os ha venido fenomenal.Los grados bajo cero,la nieve,el hielo...Aquì en Madrid como bajamos a un grado bajo cero y nevó pelín en jardines y aceras...¡los niños no tuvieron cole! entre ellos mi nieto Nacho.Otra cosa: dentro de dos o tres meses vuelven mis hijos por su segundo niño.¡Quizás podriais pedirle a Pablo que les eche una manita! Lo pido humildemente,ja ja ja... Un cariñoso saludo Abuela Mamen
ResponderEliminarPor fín!! Cuadrilla vagos. NO sé cuantos días sin dar noticias. ¡Hala! al vil consumismo, a la glotonería, a saciar la gula y a dejar al personal ávido de noticias y con el alma en vilo. Y así sigo porque hoy es lunes ¿sabemos algo más? Plis, news, news, news, ya!
ResponderEliminarComo mola comprar rosa ¿verdad Maru? y coleteros, y lacitos, y horquillitas pequeñitas y pensar lo mona que va a estar tu hija con todo ese surtido de abalorios que no le caben en la cabeza al mismo tiempo, pero...
Y que emoción: mi Alberto convertido en monaguillo-terremoto. ¡mola, también! (Vale puede ser un poco irreverente pero imaginármelo poniéndo al bies la sotana del sacerdote o haciéndose un turbante ninja con la casulla me hace una gracia que me muero). Y que decir si llega a pillar la campanilla.... Y tú, Tolstoi de los blogs, ahí, hecho un hombre, un PADRE, con todas las letras, que ya sabe lo que es dar con el trasero en t'ol hielo. Manolo y tú podrías crear una Asociación, Fundación o Sociedad de Damnificados por las aceras ucranianas.Él se encarga de la fiscalidad y tú de redactar los estatutos.
Por cierto, el insultantemente joven Cónsul español ¿cómo se llama? ¿tiene tf móvil de esos que no dejan rastro? ¿está de buen ver?
¿se tiñe de rubio para paracer aborígen?. Dale recuerdos de mi parte (ya sabéis, las cupletistas somos un poco frescas).
Vamos a ver si esta semana arreglamos, del todo, lo del notario y podemos mandar la dichosa carta, ya!
En fín que luego, en casa vuelvo a entrar, por si ya sabemos plazos.
Un beso a los 3 de Kiev y mil a la pequeña de Bielgorod.
La tarada maña
jo es un placer leer tus relato Cacha nos lo cuentas tambien que parece que estubieramos alli. Estamos muy contentos y sì Maru viva lo rosa ya veras cuando estes aqui y todo lo que le guste a Cris sea rosa y de princesas, super diver, muchos besos Elisa.
ResponderEliminarHola familia kievita. Ya tenéis kiev muy controladito por lo que vemos; por cierto esa iglesia donde estuvísteis no estará por casualidad en la calle Chervonoarmiscka?? es que por la portada me parece una que visitamos, pero nos quedamos con las ganas porque estaba cerrada.
ResponderEliminarBueno..je,je, debo decir que casi acierto con el título de esta entrada, le había comentado a Vita que sería: " Maru en Kiev: la revolución rosa", con el triunfo de Yanuckóvich,hablan de que se termina el período de la revolución naranja, así que nada... bienvenido el período rosa, que ya vamos teniendo ganas de ver a la princesita de Bielgorod luciendo sus primeros modelitos.
Tenía entendido que el rosa en Ucrania es el color que les ponen a los niños, os lo digo porque la primera vez que vimos a Iván, nos lo habían preparado para la ocasión completamente vestido de rosa de arriba a abajo..cómo sería, que yo miré a Vita y sin que pudiéramos articular palabra porque nos quedamos mudos, él me hizo un gesto de asentimiento, como de " sí es el de la foto del C.A,.. o al menos un poco se le parece". Después no sé donde leímos que allí es costumbre como aquí el azul. Si tenéis ocasión y os acordáis, preguntadle a vuestra traductora o facilitador a ver si es cierto.
Suponemos que cuando leáis esto ya estaréis de regreso en vuestra tierra prometida, así que feliz reencuentro, esperamos ansiosos volver a veros felices junto a coletitas. Muchos besos para los cuatro.
!!!!Esto marcha... Creo que falta menos para vernos. Un besito para los cuatro y mucha suerte para los ultimos días. Teresa, Gonzalo y Rodrigo.
ResponderEliminarBueno, chicos, esto de que vuestro blog sea tan ameno y con final feliz crea adicción!!!!!
ResponderEliminarEs una alegría leeros, muchas gracias.
No voy a repetir lo dicho por mis compañeros de esta gran aventura ... aunque resulta difícil pues ... yo también vestí mi mundo de rosa de un día para otro, con las quejas del padre de la criatura, por supuesto!!!
Maru, espero que te vaya mejor que a mí. Mi niña lleva ya 1 año y tres meses conmigo, pues bien, no he conseguido (a pesar de mi insistencia) ponerle nada en el pelo!!!! no dura ni un segundo!!!
Me despido, un abrazo fuerte para los cuatro y, venga, a escribirnos unas letrillas con la fecha del juicio ... por ejemplo.
Besotes,
Bibi
Esperando noticias.
ResponderEliminarHola amigos. Esperamos que la ausencia de noticias sea síntoma de que las cosas van bien. Espero que hayáis conseguido por fin el famoso papelito, y que ese Cónsul tan joven y guapo haya sido todo lo eficaz que esperamos todos. Ojalá estéis viajando hacia Bielgorod de nuevo y no hacia Madrid. Que sí... que sí... que tenemos ganas de veros, pero de veros a los 4, completitos, con Cristina incluidos. Así que demoraremos un poco esta larga espera hasta conseguirlo.
Maru: quiero imaginarme que los coleteros y ropita que compraste en el cutre-inglés son preciosos, super fashion, purpurinizados, etc, etc. No lo digo por desprestigiar la moda ucraniana. ¡de eso nada¡ Aquí a las peques las sigue encantando que todos sus adornos lleven purpurina, la ropa, las braguitas, etc, etc. Así que aprovecha a comprar allí, que seguro que hay mucho de eso. Recuerdo que encontramos una tienda genial exclusiva de estas cosas, con artículos y precios europeos, y compramos cositas. Era en un subterraneo de esos que cruzan Maydan, más o menos a la altura de Benneton. Había por allí tb una super-tienda de muebles subterranea. Y de ropa seguro que algo encuentras; incluso en el cutre-inglés vimos alguna cosita que merecía la pena. En Maydán, en el edificio de cristales alto que tanto sale en todas las fotos, hay una tienda que creo que era de Mothercare o una franquicia similar, infantil, y allí puedes mirar ropa de todo, interior incluida. ¡ayyyyy¡ la coletitas vestida de rosas, fuxias, purpurinas, lazos... ¡quiero verla fuera yaaaaaaaa¡
Queremos tener noticias ya, queremos saber si ya tenéis el papelote de la interpol, queremos saber DÓNDE ESTÁIS, queremos saber cómo ha reaccionado Cristina al volver a veros, queremos saber a Alberto le han gustado los productos sin gluten ucranianos, saber si se lo ha pasado bien en esta excursión...
Seguramente este viajecito os habrá venido bien a los tres para "airearos" un poco, y volver con nuevas energías, para poneros delante de un juez dentro de unos días y darle un montón de besitos a Cris.
¡Maruuuu¡ Calcula lo que compras, que no vais a poder con tanta maletaaaaaa. Por cierto, habréis comprado otra super-maleta para llevarlo todo, ¿no?
Abrazos desde Burgos
Ana
Bien!!!!!! Ansiosa andaba ya, imaginando cualquier problema nuevo por esas gelidas tierras. Animo familia que ya no queda casi nada, el último empujón y a los madriles los 4 que aquí se está estupendamente.
ResponderEliminarPor favor no dejeis que pasen tantos días que somos muchos los que estamos pendientes cada día. Como va a estar la coletitas con los rosas variados y los abalorios del pelo que le va a poner su madre!!!! pa comersela.
Seguimos rezando. Besos
Os echamos mucho de menos. Esperamos veros pronto,me gustan mucho las noticias que nos mandáis y veros en las fotos.
ResponderEliminarDe parte de David, que tiene muchas ganas de ver a Alberto y de darle un beso. Tenemos ganas de conocer a Cristina y jugar con ella.Besos a los cuatro.
CELIA Y DAVID.
Os felicitamos, y nos alegramos, de que vayais consiguiendo vuestros objetivos tras los sinsabores, esfuerzos, angustias y aventuras. Exactamente, hace tres años, fuimos a misa un domingo a la misma iglesia que vosotros. Estabamos en Kiev esperando la salida hacia Sumy para recibir a nuestro hijo. Visitamos el mismo cutre-inglés y padecimos las mismas culadas. Gracias a Dios nos hemos olvidado de lo malo y, al leeros, tenemos nostalgia de la intensidad de aquellos momentos....Disfrutamos mucho con vuestros comentarios sabrosos, irónicos y descriptivos. Os deseamos que vuestro regreso sea rápido y feliz convertidos en una cariñosa familia. No podemos mas que acompañaros en nuestras oraciones y pensamientos. Estamos enganchados ... Abrazos y ánimos infinitos de la familia iBi.
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